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Los diamantes, eran conocidos en la India hace más de tres mil años, donde se encontraban los únicos yacimientos durante siglos, situados en la región de Golconda, de donde salieron algunos de las piezas más célebres, como el KohiNoor. Hoy en día están prácticamente agotados, limitándose a algunos depósitos aluviales y una chimenea de kimberlita.
En 1729, fueron descubiertos yacimientos en Brasil, en Minas Gerais (Diamantina), Matto Grosso, Bahía, etc., pasando a ser el primer productor mundial, pero su producción actual ha decrecido notablemente y la mayoría de ella va destinada a la industria.
Se producen también diamantes, la mayoría de ellos de origen aluvial, en otras zonas de África, como Zaire, Tanzania, África Sudoccidental, Ghana y Sierra Leona. También, hay yacimientos en Australia, Borneo, Venezuela y Guayana. El antiguo Congo, abastece la mayor parte del consumo industrial de diamantes. Rusia se ha sumado a los productores de diamantes a mediados del siglo XX, (montes Urales, Siberia), superando en volumen a África del Sur, aunque no se conocen con certeza sus posibilidades.
África del Sur se incorpora en 1865, a la producción de diamantes, pasando rápidamente a ocupar los primeros lugares del mundo. En sus yacimientos, de Premier y Kimberley se obtienen las más cotizadas gemas por su pureza, tamaño y calidad. En realidad los yacimientos, sudafricanos son los auténticos precursores de la industria moderna del diamante.
El diamante, es carbono puro cristalizado en el sistema cúbico, habitualmente en forma octoédrica o dodecaédrica. Su composición química, por tanto, es la misma que la del grafito (dimorfismo), y que se presente en uno u otro depende de las condiciones en las que tuvo lugar la formación. En verdad cuesta, trabajo creer que un diamante y la mina de un lapicero tengan la misma composición química.
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